Juan Blanco: azul por fuera, guinda por dentro

Juan Blanco: azul por fuera, guinda por dentro

Ahora que Juan Blanco salió de Carreteras de Cuota, comienzan a escucharse historias bastante más incómodas que las largas filas en las casetas. Trabajadores aseguran que, a través de Fernando Robles, señalado por ellos como su operador de confianza, se habrían organizado auténticos “pases de charola” y hasta pases de lista para respaldar eventos políticos relacionados con Cruz Pérez Cuéllar y César Jáuregui. Dicen que existen audios con instrucciones y que algunos ya comenzaron a circular entre medios. Si esas grabaciones confirman lo denunciado, Blanco tendría que explicar algo mucho más delicado que su desempeño administrativo: si una estructura del Gobierno terminó convertida en maquinaria política al servicio de proyectos personales.

Y aquí aparece la parte explosiva. Porque Blanco nunca escondió su respaldo político a Jáuregui; de hecho, su activismo fue tan evidente que la propia gobernadora Maru Campos terminó reclamándole públicamente que dejara la campaña y se pusiera a trabajar. Pero las denuncias de los trabajadores agregan un ingrediente mucho más incómodo: que desde el mismo grupo presuntamente se habría trabajado también para el proyecto de Cruz Pérez Cuéllar. De comprobarse, ya no estaríamos hablando solamente de un panista apoyando a otro panista, sino de operadores capaces de jugar con camiseta azul y guinda al mismo tiempo. Estas acusaciones alimentan la sospecha de que debajo de la mesa algunos operadores podrían estar jugando en los dos equipos.

Y los panistas harían bien en revisar la historia antes de inmolarse por Blanco. Su paso por la Alcaldía ya estuvo marcado por el expediente del relleno sanitario: en 2009 enfrentó un proceso penal relacionado con presuntas irregularidades en aquella concesión. Hoy vuelve a quedar bajo cuestionamientos, ahora por acusaciones de operación política desde el Gobierno. Si los audios salen completos y resultan auténticos, habrá que preguntar quién sabía, quién permitió y hasta dónde llegaba esa estructura. Porque quizá Juan Blanco no cambió de camiseta: simplemente aprendió que en política es más rentable traer una de cada color.