*Dar la cara… pero con reserva
*Mucho micrófono, poca claridad
*El peso del apellido
_____________
La gobernadora Maru Campos estuvo en el municipio de Cuauhtémoc, en donde dijo que todavía están definiendo la situación jurídica para saber si va a ir o no presencialmente a declarar como testigo ante la FGR.
El tema no es menor, pues Maru ha sostenido que ella como gobernadora va a dar la cara a diferencia de su homólogo de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y los otros nueve morenistas acusados por Estados Unidos por narcotráfico.
La confusión recae en que su equipo jurídico dice que lo van a valorar jurídicamente, pero ella y sus más allegados insisten en que sí acudirá presencialmente, pero luego cuando se les pide confirmar su presencia, regresan a la ambigüedad de que se atenderá el llamado, concepto que no especifica su presencia física.
**
Para colmo, su abogado Roberto Gil Zuarth, lejos de aclarar el tema, genera más dudas y datos erróneos.
Por un lado se pone a decir en entrevistas esporádicas que van a presentar una denuncia en contra de quien resulte responsable por haber llamado a comparecer a una gobernadora con fuero constitucional, pero por otra parte insiste en que la gobernadora sí acudirá.
Gil Zuarth comenzó a adelantar temas delicados en algunos medios nacionales, pero cuando fue su oportunidad en la rueda de prensa convocada por Jorge Romero, sólo dijo que la notificación tenía inconsistencias.
No se sabe si fue miedo, una falta de comunicación entre ellos o la previsión de dejar de dar pasos en falso, pero lo que es cierto, es que, prendió la mecha, dejó pasar el día y nunca lo aclaró. Salió a explicar tanto… que terminó necesitando quien lo explicara a él.
**
La salida de Andrés Manuel López Beltrán de la estructura nacional de Morena llega envuelta en el discurso de “nuevos retos”, pero deja preguntas incómodas encima de la mesa. Porque mientras el partido presume músculo territorial y presume millones de afiliados, quedan en el aire los costos, las prioridades y el resultado político real de una operación que consumió recursos millonarios para credencializar militantes y construir estructura. De acuerdo con información difundida sobre documentos internos del partido, la campaña de afiliación acumuló un gasto superior a los 27 millones de pesos.
Entre los episodios que marcaron su gestión también quedó el viaje de una representante morenista a Cuba para establecer un acuerdo con el Partido Comunista Cubano, del que nunca se explicó públicamente el alcance ni el contenido concreto del intercambio. Súmele a eso el desgaste interno, los choques por el control político del partido y una dirigencia que terminó siendo reacomodada rumbo al 2027. Hoy el movimiento ya no habla de consolidar el liderazgo de Andy; ahora habla de enviarlo a competir en las urnas, como si el partido quisiera medir cuánto pesa realmente el apellido cuando ya no se opera desde la oficina.
Porque una cosa es administrar un partido con recursos, módulos y estructura… y otra muy distinta salir a pedir el voto sin el escudo del cargo. Al final, la política tiene una regla sencilla: los apellidos abren puertas, pero los resultados son los que las mantienen abiertas. Cuando el proyecto necesita credenciales para demostrar fuerza, quizá el problema nunca fue el padrón… sino el liderazgo.


