Las señales pesan

Las señales pesan

Santiago de la Peña sigue moviendo el tablero dentro del PAN. La fotografía que publicó junto a Carlo Alarcón, acompañado por Germán Ávila y César Olvera, no fue una simple reunión para la galería: fue un mensaje político. Más aún cuando el propio Alarcón salió a respaldar públicamente el encuentro, afirmando que la apertura del partido hacia la ciudadanía «es una realidad y es el camino correcto». La imagen encaja con el discurso que De la Peña ha sostenido en las últimas semanas: construir un proyecto de unidad, sumar perfiles y dejar atrás las divisiones internas rumbo al 2027. 

Lo que llamó la atención no fue el encuentro, sino la reacción. Los mismos que hace apenas unos días insistían en que De la Peña no lograba aglutinar a los panistas ahora descalifican que personajes con trayectoria decidan acercarse a él. El argumento cambió de un día para otro: primero «no suma a nadie»; ahora, cuando suma, dicen que «está levantando muertos». La crítica perdió consistencia y terminó exhibiendo más nerviosismo que análisis. En política, cuando los adversarios cambian de discurso tan rápido, normalmente no es porque estés haciendo las cosas mal, sino porque empezaste a incomodar. 

Falta mucho para que el PAN defina candidaturas, pero los movimientos ya comenzaron y las señales pesan tanto como los discursos. Quien logre construir puentes tendrá ventaja sobre quien solo acumule aplausos de su propio grupo. Porque en política, los «muertos» solo reviven cuando empiezan a contar… y, por lo visto, algunos ya empezaron a hacer cuentas.