La gobernadora Maru Campos dejó a los senadores de Morena esperando en la Cámara Alta, quienes se lamían los bigotes para atacarla y hacerla pedazos, muchos con argumentos válidos y cuestionamientos genuinos sobre lo que pasó con los agentes gringos, pero otros a base de mentiras y calumnias como lo que se esperaba de Javier Corral.
Buena estuvo la jugada de Maru, la noche del lunes pidió a Wendy Chávez dar un avance significativo de la investigación en donde ellos mismos son juez y parte, luego la renuncia del fiscal César Jáuregui y ahora sí, el terreno planchado para negarse a acudir argumentando que el asunto sigue bajo investigación.
El tema estuvo en el tintero toda la mañana a nivel nacional y despertó el interés de analistas, politólogos y hasta todólogos de esos que sólo hablan por hablar. Al parecer el asunto comienza a enfriarse poco a poco y seguramente estos días podrá surgir otra cosa que llame la atención de la opinión pública y el tema de los gringos encapuchados en la sierra, comience a olvidarse… típico de esa nueva sociedad mexicana.
Pero detrás de esa aparente calma hay un fondo que no se ha resuelto y que difícilmente se va a disipar con maniobras políticas: la presión internacional sigue latente, los ojos de Washington no se han quitado de Chihuahua y en el Senado ya quedó sembrada la narrativa de que hubo omisiones graves en la coordinación con agencias extranjeras. Aunque en lo inmediato Maru logró esquivar el golpe, el expediente no está cerrado y puede reactivarse en cualquier momento, sobre todo cuando convenga políticamente en la antesala electoral. Porque en este juego no se trata de quién tiene la razón, sino de quién aguanta más tiempo el desgaste… y ese, apenas va empezando.

