Mientras Claudia Sheinbaum repite desde Palacio Nacional que en México “ya se acabó la violencia contra las mujeres” y que el país avanza rumbo a la paz, en las comunidades indígenas la realidad es otra: familias enteras grabando videos para suplicarle ayuda a Estados Unidos porque sienten que su propio gobierno las abandonó. Hombres, mujeres y niños desplazados por el crimen organizado, huyendo entre balazos, viendo cómo queman sus casas y cómo el miedo se convirtió en parte de la rutina. Esa es la fotografía del México real, no el de las mañaneras maquilladas con cifras y discursos reciclados.
Lo más grave no es solamente la violencia; es el nivel de desesperación al que han llegado miles de mexicanos. Hoy hay comunidades enteras que ya no le piden ayuda a su presidenta, porque simplemente dejaron de creerle. Y eso debería ser una vergüenza nacional. Morena llegó prometiendo que serían distintos, que acabarían con la corrupción, con los abrazos a criminales disfrazados de estrategia y con el abandono de los más pobres. Ocho años después, el país tiene regiones completas dominadas por grupos armados, desplazamientos forzados y ciudadanos rogando que intervenga Donald Trump porque sienten que México ya no puede defenderlos. Así de brutal es el fracaso.
El problema para Morena es que los videos no se pueden censurar tan fácil como las preguntas incómodas. Ahí están los rostros del miedo, los niños sentados en el suelo, las familias huyendo de su tierra y el silencio de un gobierno que prefiere seguir en campaña permanente antes que aceptar que perdió el control de buena parte del país. Y mientras desde el poder siguen diciendo que “todo va bien”, millones de mexicanos ya entendieron algo: cuando un pueblo le pide auxilio a otro país, no es patriotismo lo que queda… es desesperación. El verdadero enemigo de la 4T no es la oposición… es la realidad.

