Ya van cayendo las máscaras

Ya van cayendo las máscaras

Poco a poco empiezan a aparecer nombres alrededor del caso de Guillermo Arturo Zuany Portillo, el exfiscal de Operaciones Estratégicas que hoy tiene una orden de aprehensión y cuyo paradero sigue sin ser confirmado públicamente.

Y uno de esos nombres vuelve a colocar sobre la mesa al viejo grupo político de Javier Corral.

De acuerdo con información que ha comenzado a circular en Chihuahua, Alejandra Ramos Durán estaría participando en la defensa jurídica de Zuany. El dato resulta políticamente relevante por una razón: Ramos Durán es esposa de Fernando Mesta, quien fue secretario general de Gobierno durante la administración de Javier Corral.

Y ahí es donde la historia deja de parecer un simple expediente judicial y comienza a adquirir otra dimensión.

Porque Fernando Mesta no fue un funcionario cualquiera dentro del corralismo. Ocupó una de las posiciones de mayor confianza en aquella administración y terminó como secretario general de Gobierno. Y tampoco es menor que Javier Corral haya mantenido cercanía con la pareja: está documentado que incluso participó como testigo en el matrimonio de Mesta y Ramos Durán.

Entonces la pregunta es inevitable:

¿Estamos ante una simple coincidencia profesional o estamos viendo cómo antiguos integrantes y personajes cercanos al corralismo comienzan a aparecer alrededor de Guillermo Zuany?

Porque Zuany tampoco es un personaje menor.

Fue director de la Agencia Estatal de Investigación, después fiscal de Operaciones Estratégicas y terminó convertido en una de las figuras centrales del escándalo derivado del operativo de El Pinal, donde participaron ciudadanos estadounidenses vinculados con la CIA y donde murieron agentes mexicanos y estadounidenses.

Las investigaciones judiciales posteriores terminaron alcanzando también al exfiscal general César Jáuregui, mientras contra Zuany fue librada una orden de aprehensión por delitos relacionados con el ejercicio del servicio público y falsedad ante las autoridades.

Pero hay otro dato que vuelve todavía más incómoda la historia.

Reportes periodísticos señalan que Zuany salió de México durante la madrugada del 17 de abril, horas antes del operativo que posteriormente detonaría la crisis. Después vino su renuncia, el vaciado de su oficina y finalmente su desaparición de la escena pública.

Demasiadas casualidades juntas.

Y ahora, cuando las autoridades intentan localizarlo, aparece —según la información que circula— una abogada directamente relacionada familiarmente con uno de los hombres más cercanos a Javier Corral.

Aquí nadie puede afirmar, sin pruebas, que exista una operación política detrás de la defensa de Zuany.

Pero tampoco pueden pedirle a la opinión pública que no haga preguntas.

Porque durante años el corralismo construyó buena parte de su discurso sobre la persecución de redes políticas, complicidades y grupos de poder. Hoy resulta inevitable aplicar exactamente el mismo criterio cuando los nombres que empiezan a aparecer pertenecen precisamente a ese círculo.

La justicia tendrá que determinar las responsabilidades de Zuany.

Pero políticamente la pregunta ya está sobre la mesa:

¿Quiénes están ayudando al exfiscal y hasta dónde llegan sus relaciones?

Tal vez el expediente apenas comienza a abrirse.

Y conforme avance, más de uno tendrá que explicar por qué los caminos vuelven a cruzarse entre quienes ocuparon puestos clave durante el gobierno de Javier Corral.

Decían que perseguían redes de complicidades. Ahora habrá que ver qué tan larga resulta la red cuando los nombres empiezan a salir de su propio círculo.